lunes, 29 de septiembre de 2014

Editoriales










Al entrar Alice y Charlotte, Zenia estaba ocupada en sacar una bolsita de té de un vaso de agua hirviendo, sin dejar de charlar con Helen, “ayudante” (tal era su categoría oficial) un poco mayor que las recién llegadas. Helen estaba apoyada contra una gran mesa cubierta de manuscritos, bebiendo sorbos de café de un vaso azul de papel decorado con monumentos áticos y el lema Es todo un placer servirle. Helen había entrado de visita “mientras se secaban las copias”. En aquella época, última era del papel carbón y principios de la del Tipp-Ex, los errores mecanográficos podían ser corregidos mediante este último producto, que implicaba cierto tiempo de secado antes de poder teclear las correcciones. Esto permitía hacer una pausa para el café y, tal vez, para charlar un momento.
Cuando Alice se aplicó a la rutina de dejar los manuscritos en la pila de los “leídos” y a insertar los informes de lectura en los archivadores grises de metal, Helen se apartó para dejarle margen de maniobra.
-¿Cuánto tiempo es preciso para llegar a editora asociada? –preguntó Charlotte-. ¿Cuántos años hacen falta? –Su voz sonaba tensa.
-¡Es difícil saberlo! –dijo Helen.
-¿Aproximadamente…?
-Unos cuatro años, quizá –auguró Helen.
-Pero –añadió Zenia-, más que los años, para convertirrte en editorra asociada tienes que haber obtenido un best-séller.
-¿Y cómo puedes saber que conseguirás un best-séller?
-No se puede.
-¿Y si no lo consigues?
-Tienes que conseguirrlo.
A Charlotte se le ensombreció el rostro. Helen intervino dirigiéndose a Zenia.
-Enséñales el decálogo.
-¡Oh sí! –dijo Zenia-. Puede que os interrese esto que tengo aquí.
Zenia sacó un delgado archivo color manila de su percha metálica junto al escritorio y extrajo un folio de él. A todo esto, Dan Powers hizo entrada con un montón de manuscritos ya leídos y comenzó a archivar sus respectivos informes.
-Es del decálogo parra best-séllers de Scott Meredith –explicó Zenia, poniéndose a leer algunos párrafos sueltos-: Crearr personajes atractivos con quienes el lectorr se identifique… Plantearrles problemas… Ampliarr estos problemas… Etcéterra, etcéterra.
Charlotte se acercó al escritorio de Zenia y, cuando ésta le entregó el folio, lo estudió con detenimiento. Alice se esforzó en leer por encima de su hombro.
-¿Puedo hacer una fotocopia? –preguntó Charlotte.
-Sí, pero tienes que devolvérrmelo –respondió Zenia.
-Yo también querría una copia –observó Alice a Charlotte mientras seguían examinando el papel.
-Eso son chorradas –intervino Dan.
Alice alzó la mirada del folio.
-Pues describe muchos best-séllers.
-Es totalmente formulaico –insistió él.
-Claro que es formulaico –observó Charlotte-. Como que es una fórmula.
-Por eso prefiero el ensayo –repuso Dan.
Charlotte tuvo que hacer un esfuerzo para controlar su irritación.
-Es bueno que querráis ser editorras –apuntó Zenia-. En esta erra de la televisión, sois de las pocas que siguen creyendo en la palabrra imprresa.
-A decir verdad, al final quiero trabajar en televisión. Pero lo que necesito ahora es un aumento de sueldo. –Charlotte volvió la mirada hacia Alice-. Alice y yo hemos estado buscando piso, pero con lo que cobramos como ayudantes no nos llega para ninguno.

Cócteles y caviar, Whit Stillman
(Novela basada en los personajes de su tercera película, The Last Days of Disco)

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