miércoles, 17 de agosto de 2011

El mar





1 Brigitte Bardot en El desprecio de Godard
2 Jacqueline kennedy
3 John Kennedy y Carolyn Bessette Kennedy.
4 y 5 Sean Young y Kevin Costner en No Way Out (No hay salida). El estilo me parece muy Kennedy y muy Ray-Ban.

jueves, 11 de agosto de 2011

Las rayas marineras



"Era una mujer alta, y de pie parecía serlo más, pues era muy delgada. Vestía una blusa de seda verde brillante, arrugada y con manchas, y una falda negra corta. El pelo, muy corto, de amplia ondulación, pero revuelto, lo tenía teñido de un rubio llamativo. Estaba grotescamente pintada, con las mejillas cubiertas de colorete hasta los ojos; los párpados superiores e inferiores, casi ocultos bajo una capa azul. Cejas y pestañas desaparecían bajo la pintura, y la boca era escarlata gracias a la barra de labios. Las manos, de pintadas uñas, no pecaban de limpias. Parecía la más vil de todas las mujerzuelas allí congregadas, y tuve la sospecha de que no solamente estaba borracha, sino bajo la influencia de algún estupefaciente. Mas sería inútil negar que poseía cierto vicioso atractivo; la arrogante inclinación de su cabeza y la pintura del rostro acentuaban el sorprendente color verde de sus ojos. Aun en su estado de embriaguez, era perceptible en ella una descarada impudicia que muy comprensiblemente atraería a cuanto de vil encierra el hombre. Nos abarcó a todos con una mirada sarcástica."

(…)

"Observé la rápida pero escrutadora mirada con que Isabel examinó el aspecto de Sophie. A mí me causó sorpresa. Cuando la vi en el antro de la rue de Lappe, grotescamente pintarrajeada, con el pelo teñido, aunque su aspecto era abominable y estaba borracha, encontré en ella algo provocativo y hasta una vil atracción; mas ahora la vi apagada, y aunque tenía uno o dos años menos que Isabel, parecía mucho más vieja. Conservaba aún aquella gallarda inclinación de la cabeza, pero me pareció más patética que otra cosa, sin que pueda decir por qué. Estaba dejando que su pelo recobrara el natural colorido, y tenía el descuidado aspecto del pelo teñido cuyo tratamiento se suprime. A excepción de una mancha roja de carmín en los labios, estaba completamente sin pintar. La tez presentaba áspero aspecto y enfermiza palidez. Recordé el verdísimo color de sus ojos, a la sazón apagados y grises. Llevaba un vestido rojo, evidentemente nuevo, con el que hacían juego el sombrero, el bolso y los zapatos. No tengo pretensiones de entender de vestimenta femenina, pero aquello me dio la impresión de ser recargado y poco adecuado a la ocasión. Lucía en el pecho un broche falso y llamativo, como los que puedan comprarse en la rue de Rivoli. Junto a Isabel, vestida de seda negra, con el collar de perlas legítimas alrededor del cuello, y un sombrero elegantísimo, presentaba un aspecto vulgar y cursi."

(…)

"Llegamos ya avanzada la mañana, y a media tarde desembarqué y fui andando por el muelle, mirando los escaparates a las gentes que conmigo se cruzaban, y a las sentadas bajo los toldos de los cafés. De repente vi a Sophie en el mismo momento en que ella me vio a mí. Me saludó y me dedicó una sonrisa. Me detuve y nos dimos la mano. Estaba sola, sentada a una mesa pequeña en la que había un vaso vacío.

- Siéntate y toma algo –me dijo.

- Te convido yo –le contesté, ocupando una silla.

Llevaba el jersey a rayas blancas y azules característico de los marineros franceses, amplios pantalones de color rojo y sandalias, de las que sobresalían las pintadas uñas de los dedos. Iba destocada, y su pelo, muy corto y rizado, era de tan pálida tonalidad de oro que pudiera tomárselo por plata. Tan excesiva era la cantidad de afeites que le cubrían la cara como cuando la encontramos en la rue de Lappe. A juzgar por los platos que había en la mesa, ya había bebido varias copas, pero estaba serena.

Me miró burlonamente. Con aquella audaz inclinación de la cabeza, su pecho poco desarrollado y sus estrechas caderas, parecía un muchacho vicioso; pero he de confesar que era su aspecto mucho más atractivo que vestida con aquel traje colorado, de provinciana elegancia, con el cual la vi la última vez. Tenía cara y cuello muy quemados por el sol, y aunque el atezamiento de su piel hacía aún más llamativo el rojo artificial de sus mejillas y el negro de las cejas, el efecto de todo ello, aunque vulgar no carecía de cierto aliciente."

El filo de la navaja, William Somerset Maugham
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