martes, 30 de noviembre de 2010

Gafas y capas






La capa no me parece una prenda muy práctica, pero algunas me gustan, especialmente las que recuerdan a Sherlock Holmes. Y las gafas ojos de gato que se llevan este año me parecen favorecedoras.

Fotos de: El último emperador, The Sartorialist, Como casarse con un millonario, Cate Blanchett y Chloë Sevigny.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Cinco moscas azules



"En todo ese tiempo y asomado únicamente al balcón de las revistas ilustradas que solía comprar -Match, ¡Hola!, a menudo Tatler y también Der Spiegel, si alguna vez caía en sus manos- Molinet había afilado un don peculiar que le permitía reconocer no a las personas famosas que todos conocían, eso para él era pasatiempo de porteras, sino el origen de otros personajes secundarios que aparecen en las fotografías de modo tangencial. Con ojo experto y también alerta se dedicaba a estudiar el perfil de las gentes retratadas junto a la figura central –a veces detrás de Agnelli en una regata, otras riendo junto a Schwarzenegger en un Hotel de Gstaad- y casi nunca fallaba. Se fijaba en el color de los pañuelos que asomaban de los bolsillos superiores de las chaquetas masculinas, y en la forma de recogerse el pelo las señoras, en la longitud de sus faldas y en tantas otras cosas nimias. Luego, tenía por costumbre tapar el pie de foto para ponerse a prueba y ¡bingo! sus apellidos, desconocidos excepto para iniciados, confirmaban siempre sus pronósticos: éste es un armador griego criado en Inglaterra, aquélla una actriz de Texas sin talento jugando a mujer de mundo, más allá un banquero milanés…; su forma de vestir los delataba siempre."

(…)

"En realidad es un pecado muy común, todos juzgamos por las apariencias, por datos externos que parecen fidedignos. La diferencia es que unos lo hacemos bien y otros son sólo aprendices, gente descuidada y superficial, como estos cuatro recién llegados. ¡Ah!, habrán pensado ellos escudriñando el terreno con ánimo de comprobar si había, además de la de Mercedes, alguna otra oreja española que pudiera entenderlo. «¡Ah!veamos quién más hay por aquí»: Sí, eso debieron decirse y, de hecho, mientras se apresuraban a saludar a la viuda pude ver cómo lanzaban furtivas miraditas por el restaurante para analizar el modo en que iba vestido el resto de los huéspedes. Muy prudente como medida, pero inútil, pues imagino el tipo de análisis que hicieron. Tan simple. Tan peligroso: una mirada rápida hacia las otras mesas y en cuanto comprobaron que no se veía ningún chaquetón capitoné, ninguna prenda de aspecto descaradamente tirolés en las inmediaciones, deben de haber pensado: qué alivio, aquí ya no hay más españoles. Y se pusieron a hablar a gritos. Así hace su composición de lugar la mayoría de la gente, a ojo, pero el problema es que se guían por señas de identidad de lo más elementales… (Y eso me recuerda que debe de haber alguna razón secreta para que a todos los españoles de cierta clase social, cuando están de vacaciones, les dé por disfrazarse de cazadores austríacos, de tiroleses, sobre todo en lo que respecta a las prendas de abrigo, que suelen ser de lo más cinegéticas, muy a menudo verde caqui, como si el camuflaje fuera parte de su más íntima personalidad que c´est bizarre. Tengo que acordarme de comentar el dato con Fernanda uno de estos días.)
Los cuatro recién llegados eran dos hombres y dos mujeres y resultó muy sencillo hacerme su retrato, lo habría sido aunque no escuchara lo que decían, cosa que sí hice desde la mesa vecina. Lo cierto es que yo los miraba sin ningún disimulo, pero como no cultivo el look verde oliva, debí de parecerles otra oreja extranjera e inofensiva. Tanto como lo eran las del aburrido matrimonio belga que ocupaba la mesa junto a la ventana. O las del grupo de alemanes jóvenes que sólo se interesaban en ellos mismos. Y si en este punto alguna mente suspicaz se pregunta cómo, al ver a estos chicos y juzgando sólo por las apariencias externas, los recién llegados no pensaron que podían ser peligrosos, les aclararé que ni los alemanes ni los austríacos se visten de caqui en estas ocasiones, ellos prefieren disfrazarse de bostonianos de week-end en Long Island, de modo que no caben equívocos. Ni siquiera para unos amateurs de las apariencias como eran mis cuatro recién llegados.
"

Carmen Posadas, Cinco moscas azules, 1996

fotos de The Sartorialist y Style and the City

sábado, 13 de noviembre de 2010

Revistas



Mi fascinación por la letra impresa llega a su paroxismo cuando esta va acompañada de fotos. Me encantan las revistas, he llegado a hojear una revista de programación de televisión alemana encontrada en el aeropuerto aunque no tengo ni idea de alemán.
Compro varias revistas todos los meses, no siempre las mismas. No soy fanática seguidora de las tendencias, por eso la revista Vogue (la Biblia de la moda) la compro rara vez. El resto de las revistas las compro dependiendo de los personajes y los reportajes. Rara vez compro Telva que es una revista de ideología muy rancia que pese a todo me gusta. Este mes por ej. ¿cómo perderme a Aerin Lauder en los Hamptons?. El Telva novias es un verdadero documento sociológico.
La mayoría de las revistas de decoración como El Mueble me terminan aburriendo. Siempre me ha maravillado como pueden encontrar tantas casas con el mismo soso estilo decorativo. ¿Cómo es posible que tantas personas elijan decorar sus casas exclusivamente en tonos beige, tierra etc.? Aún no he encontrado la perfecta revista de decoración, pero AD se acerca bastante. Tiene bastante variación aunque muchas de las casas que aparecen son del estilo que se lleva ahora y se parecen bastante entre sí. Es un estilo que me gusta, aunque según que casas me parecen excesivamente minimalistas. Estas casas típicamente modernas se caracterizan por los grandes espacios (eso es lo único que les envidio), paredes blancas, suelos oscuros, muebles de diseño moderno, Jean Prouvé muy comúnmente. De los muebles que aparecen habitualmente los que más me gustan son la silla Barcelona de Mies van der Rohe y la silla Wassily de Marcel Breuer. ¿Dónde guarda esa gente todas sus cosas? Será que sí que acumulan tantas cosas como cualquiera, pero no se nota porque tienen tanto espacio. En ocasiones parecen museos de arte moderno porque cuelgan pocos cuadros y muy espaciados entre sí en las paredes. En el siglo XIX la moda era lo contrario, muchos cuadros y apenas espacio sin llenar, por el horror vacui dicen. A mí me gusta eso a veces, a condición de que los cuadros valgan la pena claro porque sino es mejor tener pocos y escogidos. No me gusta tampoco cuando colocan una lámpara ultramoderna en techos con molduras antiguas.
Vanity Fair la llevo comprando todos los meses desde. Me sorprendió muy positivamente porque trata gran variedad de temas tanto trascendentes como frívolos. En cada número encuentro algún reportaje que me interesa.
En la primera foto a la izquierda la silla Wassily y a la derecha sillas Barcelona en el apartamento de la película American Psycho.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Klimt y la moda




Hubo una época en la que Sharon Stone puso de moda llevar una sencilla camisa blanca para salir de noche. Uno de mis pintores preferidos es Gustav Klimt por eso la falda que lleva Sharon Stone en estas fotos me encantó. Me pareció claramente inspirada en Klimt.

martes, 2 de noviembre de 2010

El dijo, ella dijo



No me gustan las familiaridades ¿sabe? Yo puedo ser muy cariñosa con mis amigos, pero a la gente que no conozco prefiero mantenerla a cierta distancia. Es decir, no me gustan las zonas de relación intermedias y ambiguas. No me gusta besar a cualquiera, por ejemplo, a la hora de los saludos. No quiero que la gente piense de mí: oh, es tan adorable, tan estupenda… No, no es verdad, soy como cualquiera, absolutamente como cualquiera, y por el hecho de ser una actriz famosa no tengo por qué pretender ser más agradable, más simpática, más cariñosa que los demás. De modo que soy cariñosa con la gente que quiero, y con los demás, pues… No digo que vaya a ser desagradable, pero no me gusta falsificar las relaciones superficiales.Catherine Deneuve
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