jueves, 29 de julio de 2010

El Schiaparelli


"Selina recibía regularmente suministro de jabón, gracias a un oficial del ejército norteamericano que lo obtenía en una fuente de gran cantidad de cosas apetecibles, denominada P.X. Pero, ahora, Selina estaba en trance de acumular grandes cantidades de jabón, y, por esto, había dejado de prestar tal artículo a sus amigas.
-No necesito para nada tu repugnante jabón –dio Anne-. Ahora bien, no se te ocurra pedir mi tafetán. Creo que con esto queda zanjada la cuestión.
Con la palabra “tafetán”, Anne se había referido a un vestido de noche de Schiaparelli, que le había regalado una tía fabulosamente rica, después de haberlo llevado una sola vez. Este vestido maravilloso, que causaba sensación en todas partes, lo utilizaban todas las muchachas del último piso en ocasiones especiales, salvo Jane, quien no cabía en él. A cambio de prestar el vestido, Anne recibía diversas compensaciones, tales como tres cupones para comprar ropa, o una pastilla de jabón medio gastada.
Jane volvió a sumirse en su trabajo intelectual, y cerró la puerta de su dormitorio, produciendo un sonido terminante, definitivo. Jane se comportaba de un modo un tanto tiránico en lo referente a su trabajo intelectual, y se quejaba siempre del ruido que hacían las radios de las otras residentes del piso, así como de la pusilanimidad de los regateos con Anne, cuando alguien le pedía el vestido de tafetán para dar mayor fuerza a la cada día más dominante moda de ir de largo a las reuniones sociales.
-No, no puedes ir con el tafetán al Milroy. El tafetán ya ha estado dos veces allí… Ha estado en el Quaglino, sí, Selina lo llevó en el Quags. El tafetán empieza a ser conocido en todo Londres.
-Pero, Anne, cuando lo llevo yo parece otro. Si me lo prestas te daré una hoja entera de cupones para dulces.
-No quiero para nada tus repelentes cupones para dulces. Doy los míos a la abuelita.
Entonces, Jane asomaba la cabeza:
-Basta ya de pequeñeces, y dejad de chillar de una vez. Estoy haciendo un trabajo mental.
Jane tenía un vestido elegante en su guardarropa, era un conjunto de chqueta y falda hecho con el smoking de su padre. Después de la guerra, pocos fueron los smokings que conservaron su primitiva forma. Pero este vestido heredado de Jane era demasiado grande para que las demás chicas se lo pidieran prestado; y Jane se alegraba de ello, ya que no dejaba de ser una compensación."

Las señoritas de escasos medios, Muriel Spark, 1963 (ambientada en 1945)

lunes, 26 de julio de 2010

Viajes con estilo




Resulta curioso observar los cambios que se han producido en la forma de viajar. En el pasado se cuidaban los detalles y la impresión en las imágenes de la época y las recreaciones en el cine es de gran elegancia.
En la foto dos imágenes de la película “El cielo protector”. Era una época en la que lo primero que se hacia al llegar a un sitio era buscar a alguien que te llevara la maleta o más bien habría que decir las maletas y baúles. En esta película una pareja de acomodados americanos viajan al norte de África. Port se autodenomina viajero en contraposición con los vulgares turistas.
Otro personaje de gustos refinados, el doctor Lecter en “Hannibal” para no tener que aguantar la incomible comida del avión se lleva su propia caja de viandas; de Fauchon en el libro y en la película de Dean & Deluca. La cesta incluye según el libro: pate de foie gras trufado, higos de Anatolia y media botella de vino St Estephe. En la foto que se corresponde a la película parece que incluye también caviar de Beluga, queso, uvas, una fresa y otras frutas. Además de ejem, ejem otro manjar para Lecter.

lunes, 12 de julio de 2010

Un estilo: Enrique Bunbury









Cuando hacen las listas de los hombres mejor vestidos del país, me suelen parecer bastante aburridos. La lista suele estar compuesta por hombres con un estilo bastante clásico. Cuando la lista es a nivel internacional la cosa se anima más y aparecen nombres como el de Jude Law que no son tan tradicionales.
Enrique Bunbury es de las personas que creo que me caería mal en caso de llegar a conocer personalmente. Da la imagen de tenérselo muy creído y de ser arrogante. Hace falta soberbia para creerse que es la única persona en el mundo que lee y que nadie se iba a dar cuenta del plagio que hizo de versos de Pedro Casariego.
Sin embargo, me parece que tiene personalidad vistiendo y que le gusta cambiar y arriesgar. Los detalles que pueden parecer ridículos en otros como las uñas pintadas de colores le dan cierto morbo. Sombreros de vaquero, chaquetas de terciopelo con aire a lo Oscar Wilde, chalecos etc. Y me gusta la versión que ha hecho de la canción “Frente a frente”.

jueves, 1 de julio de 2010

El pantalón



"Un motor retumbó de improviso, aceleró un par de veces, y el ruido se detuvo ante la puerta. Se oyeron unas voces bajo el sol:
-Trae que te ayude.
-No, no; yo sola, Sebas.
Mauricio se asomó. De una moto con sidecar se apeaba una chica en pantalones. Reconoció la cara del muchacho. Ambos vinieron hacia él.
-¿Qué hay, mozo? ¿Otra vez por aquí?
-Mira, Paulina, se acuerda todavía de nosotros. ¿Cómo está usted?
-¿No me voy a acordar? Bien y vosotros.
-Ya lo ve usted; pues a pasar el día.
La chica traía unos pantalones de hombre que le venían muy grandes. Se los había remangado por abajo. En la cabeza, un pañuelito azul y rojo, atado como una cinta en torno de las sienes; le caían a un lado los picos."

(…)
"-Una pareja simpática –dijo Lucio-; ahí los tienes.
Mauricio estaba enjuagando las botellas, dijo:
-Ya venían el año pasado. Pero se me hace a mí que no eran novios todavía. Se tienen que haber hecho posterior.
-Lo único, lástima de pantalones los de ella. ¡Cosa más fea! ¿Por qué se vestirán así?
-Para la moto, hombre; con pantalones va mejor. Y más decente.
-Cá. No me gustan a mí las muchachas vestidas de esa manera. Si parece un recluta.
-Que le vienen un poco grandes; serán de algún hermano.
-Pues donde esté una chica de ese tiempo con una bonita falda, lo demás es estropearse la figura. Pierden el gusto en ese Madrid; no saben ya qué ponerse.
-Bueno, en Madrid, te digo yo que te vea a las mujeres vestidas con un gusto como en tu vida los has visto por los pueblos. ¡Vaya telas y vaya hechuras y vaya todo!"

(…)
"Venían sudorosos. Las chicas traían pañuelos de colorines como Paulina, con los picos colgando. Ellos, camisas blancas casi todos. Uno tenía camiseta de rayas horizontales, blanco y azul, como los marineros. Se había cubierto la cabeza con un pañuelo de bolsillo, hecho cuatro nuditos en sus cuatro esquinas. Venía con los pantalones metidos en los calcetines. Otros en cambio traían pinzas de andar en bicicleta. Una alta, la última, se hacía toda remilgos por los accidentes del suelo, al pasar las vías, maldiciendo la bici.
-¡Ay hijo, qué trasto más difícil!
Tenía unas gafas azules, historiadas, que levantaban las puntas hacia los lados, como si prolongasen las cejas y le hacían un rostro mítico y japonés. Ella también traía pantalones, y llegando a Paulina le decía:
-Cumplí lo prometido, como ves.
Paulina se los miraba:
-Hija, qué bien te caen a ti; te vienen que ni pintados. Los míos son una facha al lado tuyo. ¿De quién son ésos?
-De mi hermano Luis.
-Qué bien te están. Vuélvete, a ver."

(…)
"Lucio los vió perfilarse uno a uno a contraluz en el umbral y torcer a la izquierda hacia el camino. Luego quedó otra vez vacío el marco de la puerta; era un rectángulo amarillo y cegador. Se alejaron las voces.
-¡La juventud, a divertirse! –dijo Lucio-; están en la edad. Pero que fina era esta otra de pantalones; ésa sí que tiene sombra y buen tipo, para saber llevarlos.
Modelaba su forma en el aire, con ambas manos, hacia la puerta iluminada.
-¿Lo ves, hombre, lo ves, como todo es cuestión de quién los lleve? Sácate ya ese cigarrito, anda."

El Jarama, Rafael Sánchez Ferlosio (1955)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...